Sergio ya tiene algo más de mes y medio.
Han sido unas semanas maravillosas en las que todos hemos estado aprendiendo: nosotros a ser padres, y el chico a conocer el mundo que le rodea.
No voy a decir que ha sido un trabajo agotador, ya que, por suerte, se porta muy bien y sólo llora cuando tiene hambre o cuando se siente incómodo por calor o el pañal. Estamos muy contentos con él, incluso por las noches, aunque aquí es la madre la que realiza el trabajo duro (el chico se despierta por hambre, así que sólo Silvia puede calmarlo).
De manera inconsciente, Sergio recibe prácticamente toda nuestra atención. Bien sea porque la reclama (está dándose cuenta de que le gusta estar en brazos), bien porque es una delicia verlo, ya sea durmiendo, despertando, o simplemente mirando el mundo con ojos curiosos.
Ya es capaz de girar la cabeza hacia el lado desde donde se le habla (en realidad no siempre parece interesarle lo que se le dice). También puede seguir el movimiento que hay a su alrededor, hasta un metro más o menos, y por ello a veces jugamos a la mano-mosca.
Lo mejor de todo es que, aunque sea de manera incosciente, ya sonríe. Cada vez de manera más frecuente es capaz de levantar los grandes mofletes que tiene, y regalar una sonrisa con la que cualquier problema se esfuma.
Está claro que adoramos a Sergio y que, a pesar de lo que habla por las noches, a pesar de que nos hace 2x1 cuando le estamos cambiando el pañal, a pesar de que estos días está rarico porque lleva el estómago fastidiad, se ha convertido en el rey de la casa y por mucho tiempo.
Feliz