domingo, 17 de mayo de 2009

El parto

El pasado viernes tuve el privilegio de asistir al parto de mi hijo.

Fue una de las mejores experiencias de mi vida. No tanto por el hecho del parto en sí, sino poder estar con Silvia en él, acompañándola, dándole todo mi apoyo (poco más puedo hacer).

Viendo cómo hacía continuos esfuerzos por traer al ñajo al mundo comprendí lo fuertes que son las mujeres, capaces de darlo todo por el hijo que llevan dentro, sufrir hasta límites que en condiciones normales nadie aguantaría, y disfrutar de manera inmediata cuando la personilla que llevan dentro se posa sobre su pecho.

No pude asistir a todo el proceso ya que en la parte final precisaron de ayuda para el último tramo y se los llevaron a quirófano. Sin embargo, oir llorar a mi hijo a través de la puerta, y luego verlo apararecer, calmado, tranquilo, como perdido por sus nuevas circunstancias, puedo asegurar, sin temor ninguno a equivocarme, que es la felicidad más absoluta.

Sé que me quedan noches y días difíciles (ayer apenas dormimos, para empezar) pero va en el contrato que firmé cuando acepté la responsabilidad de ser padre. Ahora sólo falta estar a la altura de las circunstancias.

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